Ella era todo lo que él recordaba, su pelo seguía cayendo en una exuberante cascada por su espalda y su conversación era tan mordaz como lo había sido en Lanisport.
No podía negar que se había sorprendido por su visita, así como por su intención de viajar a Essos antes de someterse a la voluntad de su padre y casarse con quien él eligiera. Pero por otro lado, y pese a que ella era una dama ponenti, era algo que podría haber esperado de ella. No era una noble idiota que se sonrojase o se riese a la primera de cambio. Se preguntaba si en esa noche podría suceder lo mismo que en las noches en Lannisport. Era algo tentador.
Entonces ella despidió a los criados, e incluso a los guardias, alegando que quería tratar en privado un asunto él. Los guardias le miraron dubitativos, pero él asintió. No creía que la joven fuese a tratar de apuñalarlo con el cuchillo con el que minutos antes había estado cortando su venado. Y aún lisiado, enfrentarse a una mujer delgada y no especialmente alta no sería un problema, quizá con ella resultaría hasta excitante.
Ella se levantó y se acercó a él lentamente, hasta colocarse frente a él y de espaldas al fuego.
-Lo siento- Dijo al fin
-¿El qué?- Le preguntó el.
-No funcionó. El té.
Ella se quedó cabizbaja, esperando a que él dijera algo. Pero él estaba ocupado calculando las posibilidades. Él mismo le había dado el té de la luna y le había visto beberlo... ¿Estaría mintiendo?
-Mira, soy la última que quería decir esto, pero no podía ocultarlo por más tiempo. No quería irme de viaje, pero necesitaba irme de Occidente, nadie puede saber esto. Ambos sabemos que me arruinaría la vida.
-¿Y me cuentas esto porque es mío?- Preguntó él suavemente, alzando las cejas.
-Pues claro que es tuyo ¿Crees que voy a ir de castillo en castillo contándoselo a los que no sean su padre?
- No creo nada, pero no eras virgen cuando te conocí. Si antes habías estado con otros hombres, nada me dice que no lo hicieras después.
Pese al tono calmado y afable que su anfitrión había estado usando, ella comenzó a perder los nervios. Tenía que creerla, aquello era la verdad y a él era al único al que podía acudir.
-Occidente no es Dorne ¿Sabes? Allí los caballeros no se matan por desvirgar a las hijas de su señor, eso podría traerles la muerte. Con el único que me he acostado a parte de ti fue con el último escudero de mi padre. Cuando le nombró caballero se tomó un odre de vino entero y eso le animó a conocerme... más profundamente. A día de hoy sospecho que ni se acuerda. Y eso fue cuatro meses antes de que nos conociéramos en Lannisport, así que si fuera suyo tendría una tripa mucho más grande.
Él sonrió divertido al verla enfadada y turbada hablando de su anterior amante. Lo cual no hacía que enfadarla más todavía a ella.
-¿Se te ha empezado a notar ya?
-Si llevase un vestido ceñido te aseguro que esto no sería un secreto.
Él se levantó con dificultad y le hizo un gesto con la mano para que se acercara. Posó una de sus manos en el vientre de la joven y apretó suavemente la tela de su vestimenta, tratando de palpar lo que había más allá de esta.
No podía decir que aquello le alegrase, pero la creía. Suspiró y se volvió a sentar, resintiéndose del dolor de su pie.
-Muy bien ¿Qué quieres hacer?
-¿Como que que quiero hacer? -Preguntó ella, aún algo enfadada.
-¿Quieres ir a Essos y esconderte allí, quieres quedarte aquí?... E incluso siendo más imaginativos, se que hay maegis y maestres expulsados que se dicen capaces de sacarlos.
-No creas que no he oído lo mismo, pero también he oído que las mujeres que lo hacen nunca vuelven a quedarse en estado. No puedo permitirme eso en mi posición.
-Por supuesto, bendito Poniente, dónde una mujer no es nada si no da hijos.- Masculló él mientras alzaba su copa de vino y se la llevaba a los labios.
Ella calló durante unos instantes, en señal de desaprobación, y continuó como si no hubiera oído nada.
-Y en cuanto al resto de opciones... sería difícil ocultarlo si me quedo aquí, los soldados que me acompañan sospecharían.
-Fácil. Vamos hasta Lanza del Sol, fingiendo que te acompaño a tomar un barco hacia Essos para continuar tu viaje, y allí, digamos que mueren todos. Cuando quieras volver, un par de mis hombres te acompañarán y dirás que fuiste atacada, y que unos nobles caballeros dornienses te salvaron... De unos bandidos de las Tormentas, sí, allí hay gente horrible. Por supuesto esos caballeros también te escoltaran hasta casa.- Finalizó de manera tranquila, como si hubiera estado hablando del tiempo o de la encuadernación de libros en la Ciudadela.
-Así. Mueren todos.- Repitió ella seria, sin haberse extrañado mucho de esa sugerencia.
-Bueno, si aprecias especialmente a alguien de tu guardia podemos encerrarle, no sé, es cuestión de pensarlo.
-¿Y nadie va a pensar en 10 guardias muertos en el puerto?
-Nadie va a encontrar ningún guardia muerto. Puede que llegado el momento, alguien se encuentre sus armaduras en la frontera. Pero oficialmente subirán al barco contigo y seréis felices visitando las ciudades libres.
-¿Y después de fingir que embarco?
-Volvemos aquí y esperamos. Te hablaré de Myr y de Lys, viví allí unos años, y así lo que cuentes será veraz.
-¿Y tus guardias, tus criados?
-Como has podido comprobar tengo poco servicio y confío en el poco que tengo. Las pocas personas que te atiendan nunca le dirán a nadie que estás o estuviste aquí.
Ella se apoyo en la mesa, dubitativa. Se lo acababa de decir, y él ya tenía un plan más que razonable... ¿Qué otra cosa podría haber esperado de él? Pero aún quedaba algo.
-¿Y que pasará cuando...? ¿Qué pasará con...? ¿Cómo esconderemos al bebé?- Logró preguntar al fin.
-¿Esconderlo? ¿Por qué iba a esconder a mi bastardo?
-En Lannisport dijiste que la princesa te había insinuado que deberías casarte.
-Así es. Quizá fue una queja algo exagerada, sé que no me obligaría a nada. En cualquier caso ahora sé que tendré que descartar a las damas del Dominio, ellas no dejarían de mirarme mal por tener un bastardo, y aún así se casarían conmigo. Pobres y tontas flores.
-No todas las mujeres de Poniente son tontas ni tienen tan poca dignidad.- Replicó ella, molesta.
-No se puede decir lo mismo de sus padres. Algunos las venderían a un pastor si este tuviera el suficiente dinero.
-Entonces...¿Quieres quedártelo?
-Ambos sabemos que tú no puedes hacerlo. Has venido a mí, aseguras que es mío, y te creo. Me lo quedaré, lo criaré y lo educaré como haré con el resto de descendencia que tenga. Para mí no es un problema que lo que vaya tras su nombre sea Arena, y para el resto de Dorne tampoco lo será. Tendrá una vida más fácil que un bastardo ponenti.
Ella suspiró y se quedó con la mirada perdida unos instantes. Él buscó su mano y la apretó me manera afectuosa. Suponía que no había sido fácil para ella tratar de buscar salidas hasta que había venido a verle. Pero iba a ser así de fácil. Él iba a hacerlo así de fácil.
Entonces ella se arrodilló frente a él y le abrazó con fuerza. Él le devolvió el abrazo, sonriendo y acariciando su voluminoso pelo.
-Has venido hasta aquí. Y voy a estar aquí para ti.
P.D: No es que sea lela y no sepa usar otras palabras más que él y ella, pero es que no quería escribir sus nombres.