jueves, 14 de julio de 2022

Historias: Herida

Nunca había sentido un dolor igual. Podía notar como el estómago se encogía, no ligeramente como si estuviera nerviosa, sino de forma intensa, como si me lo estuvieran apretando por dentro. A eso se sumaron otras sensaciones, notaba una losa en el pecho que no me dejaba respirar, un nudo en la garganta que no me dejaba tragar, mis boca estaba seca y a su vez notaba que los ojos comenzaban a humedecerse.


Bajé la cabeza apartando la vista, no solo porque no soportase verle, sino también para evitar que la gente se fijase en mi rostro, porque seguramente delataría que algo no iba bien. Tenía una imperiosa necesidad de huir de allí, pero a su vez la idea me aterraba. Estaba bastante segura de que él no me había visto, y temía que si me movía hacia un punto menos concurrido lo hiciera. Maldije toda mi vida, le maldije a él, a mi familia, a mi matrimonio con mi estúpido y detestable marido que desde que tenía un puesto en el consejo privado y yo era la dama de compañía de la princesa, se había empeñado en que vistiera de forma opulente y ostentosa, acorde a nuestra posición, según él. Con el recargado vestido dorado que llevaba, pese a que llevaba el cabello recogido, temía que se fijaría en mí y me reconocería. O quizá era eso lo que quería creer, que él repararía en mí y me reconocería cuando bien podía haberme olvidado. Él era libre, podía ir hacia donde quisiera, acostarse con quien quisiera… Pero para mí él era el mayor amor que yo había conocido. A veces me preguntaba si mi matrimonio sería más soportable si no le hubiera conocido, si no tuviera alguien con quien comparar a mi esposo y a cada golpe o desplante pudiera decirme a mí misma que los hombres son así. Pero por culpa de Anduyn yo sabía que no lo eran. Él jamás me habría hecho daño u obligado a hacer algo que yo no quisiera. O quizá de nuevo eso era lo que quería creer y sí sería capaz de comportarse así, solo que yo no le conocía lo suficiente o en ese ámbito.


Cuando me creí más calmada volví a levantar la cabeza e intenté prestar atención a la conversación que mantenía mi marido con otra pareja. Ni siquiera parecían haber reparado en mí y tampoco parecían deseosos de incluirme en la conversación. Por un momento estuve tentada de volver a mirarle, pero no debía ceder, por lo que me obligue a escuchar a mí marido fanfarroneando sobre no sé qué tierras fértiles. Pero no lograba centrar mi atención en aquello, mi mente recordaba una y otra vez el fugaz instante en el que le había visto ¿Estaba más delgado? Sus facciones me habían parecido más marcadas… Me dijo que pese al rumor que circulaba, su cojera no era producto de una enfermedad, pero quizá se equivocaba y sí lo era, y además le estuviera pasando factura…O que simplemente estuviera más delgado porque sí. O que ni siquiera lo estuviera y me lo pareciera por la inusual barba de días que lucía, no estaba segura de lo que había visto, estaba pensando y sintiendo demasiadas cosas a la vez y ya no distinguía mi imaginación de la realidad. Tenía que calmarme, tenía que coger perspectiva, tenía que tomar el riesgo y alejarme.


Esbocé una sonrisa falsa y pronuncié un “disculpadme” ante la pareja con la que hablaba mi marido, a su vez que puse mi mano en el hombro de este. Él me miró un momento por encima del hombro y volvió a la conversación. No parecía molestarle que me ausentara, y eso me proporcionó algo de alivio, lo último que necesitaba era otra discusión absurda. Me giré y eché a andar, agarrando la copa que llevaba con ambas manos, aferrándome a ella como un marinero al mástil en mitad de una tormenta. No quería moverme demasiado rápido para no llamar la atención, no quería mirar hacia los lados por miedo a encontrarmelo… Solo quería que no me viera. Cuando conseguí salir del salón, todavía estaba temblando, y me detuve sin saber a dónde ir. No quería ir a la habitación que compartía con mi marido, y tampoco quería pasear y arriesgarme a encontrarme a gente que se diera cuenta de mi estado de pánico y cotillease sobre él en el salón. Pese al barullo, conseguí oír atenuado el sonido del mar y lo seguí. Abandoné el pasillo principal y recorrí uno bastante vacío hasta que di con un balcón que daba al acantilado y a la costa. Entré en él y me coloqué a un lado de la puerta para que nadie me viera. Me apoyé en la pared mientras apretaba la copa que me había llevado. Estaba triste, estaba frustrada, estaba furiosa. Quería llorar, gritar, echarme al suelo… Pero no podía, así que traté de concentrarme en respirar y dejar todo eso atrás, tenía que recuperar la calma. Tras unos minutos me bebí el poco vino que me quedaba y me acerqué a la barandilla. Miré hacia abajo, y mentiría si dijera que no había pensado en lanzarme al vacío, pero en lugar de eso miré al horizonte y lancé la copa tan lejos como pude.


-Podías haberla tirado en otro sitio, si llega a caer en manos de un crío del lecho de pulgas, vendiendola hubiera sacado suficiente para comer caliente durante una semana.


No. En aquellas circunstancias no hubiera aguantado una reprimenda moralista de nadie, pero de él, mucho menos. Al oír su voz toda la calma que había conseguido ganar se había esfumado, y solo sentía angustia y ganas de llorar. Si le veía, sabía que me derrumbaría, así que ni tan siquiera me giré, solo me agarré a la barandilla y cerré los ojos con fuerza. Por momentos, la idea de arrojarme se hacía más atractiva.


martes, 12 de agosto de 2014

Historias: Nublado

Entré en la habitación y me extrañé al no verla allí. Entonces vi moverse algo entre el amasijo de sábanas. Cuando se volteó la vi. Más pálida, si cabe, que de costumbre, con los ojos hinchados y el pelo revuelto.

-¿Es que no sabes para que están las puertas?- Me gruñó.
-¿Para pasar notas por debajo?- Contesté burlón.
-Para llamar y para no cruzarlas cuando están cerradas, así que sal de aquí.
-La que debería cruzar la puerta eres tú ¿Estás enferma o algo así?- Pregunté extrañado por verla en la cama, desarreglada y en camisón.

Ella se incorporó y se abrazó las rodillas. Miró a las sábanas, con la mirada perdida.

-¿Ha habido problemas en Torrealta? ¿Acaso tu señor esposo...?
-Anduyn ha muerto- Me interrumpió con un susurro agónico.

Volvió a tumbarse y se dio la vuelta. Así que era eso... Qué sensación tan agridulce. Nunca había apreciado a semejante cretino, pero sabía que Rohanna le tenía en alta estima. Me senté a los pies de su cama y puse mi mano en su pierna.

-Bueno ¿Su cojera no era por una enfermedad? Se ser así, bastante...
-No- volvió a interrumpirme ahogando un sollozo.- Le han matado.
-¿Cómo que le han matado? ¿Quién se atrevería...?
-En Desembarco- Dijo volviéndose e interrumpiéndome otra vez más.

Se limpió las lágrimas de manera apresurada y me miró entristecida con sus ojos aguamarina.

-Fue a negociar a Desembarco. Ha habido una revuelta, los dragones se están peleando entre ellos y era Anduyn el que estaba allí, en medio.

Se tapó la cara y rompió a llorar. Inmediatamente me abalancé sobre ella y la abracé. Nunca había visto a aquella orgullosa mujer así. Ella se apartó, algo incomoda. Se levantó y se puso una bata gris llena de bordados. Se la anudó con fuerza y se volvió hacia mí.

-No sabía que le apreciabas tanto.
-Claro que lo apreciaba, nos criamos juntos, él me ayudó a casarme con su hermano, era mi confidente, era como un hermano...
-Y yo que soy ¿Una escoba? -Pregunté en tono jovial, tratando de animarla.

Ella reprimió un sollozo.

-No solo se trata de cuanto le quisiera, son las consecuencias de su muerte. Ahora mi marido, y mi hermano, irán a la cueva del dragón.

Exhalé el aire, comprendiendo lo que quería decir. Su marido había tomado una decisión, reuniría al ejercito e iría a Desembarco del Rey. Y yo como su vasallo debía ir con él.

-¿No es una medida un tanto exagerada para recuperar un cuerpo?

Rohanna se sentó a los pies de la cama y suspiró.

-Anduyn estaba en Desembarco negociando el matrimonio de su hermana con el príncipe, por eso estaba allí. Y Farah aún está allí.

Farah. Sentí un pequeño vuelco en el estómago y apreté los dientes. Me giré rápidamente y salí de la habitación.


miércoles, 16 de abril de 2014

Historia: La espina envenenada

-Desearía un último momento con mi hermano a solas.

Nada más decir aquellas palabras los guardias asintieron respetuosamente y se retiraron del salón, así como de las puertas de este. Ella entro junto a su cuñado, y en cuanto cerró las puertas él se apresuró hacia el altar dónde reposaba el cadáver.

-No sabía que disfrutabas observando los cadáveres de tus victimas- Dijo ella despreocupada tras acercarse y observar a su cuñado examinando el cuerpo.
-No estoy seguro de que sea victima mía- Replico él sin mirarla- Te dije que tardaría dos lunas en morir. La segunda luna no ha pasado.

Ella contuvo una carcajada.

-Vamos Anduyn, habrás puesto veneno de más en el vino.

Él se detuvo para mirarla de manera severa.

-Yo nunca me equivoco con las cantidades.

Ella se quedó callada mientras él volvía a su labor, buscando debajo de la ropa marcas, sangrados...

-Bueno, y aún cuando fuera correcto ¿Qué más da? Quiero decir, esta muerto.
-¿Que más da? Si alguien ha matado a tu hermano, no sabemos quien ni porqué, ni si tú o mi hermano estáis en su lista, así que disculpa si me lo tomo muy a pecho.

Ella se mordió los labios, reclinándose hacia el cuerpo y tratando de buscar también, aunque no sabía exactamente en que detenerse. Transcurridos unos minutos Anduyn abrió los ojos del cadaver y emitió un leve gruñido.

-¿Qué?- Preguntó ella colocándose a su lado.
-Tiene los ojos ensangrentados... No sé si es relevante ¿Los tenía así la última vez que lo viste?
-No, nunca se los había visto así. Ni a él ni a nadie ¿Que crees que pueda ser?
-Bueno, yo si he visto ojos así. Vi a un escudero tras una contienda tener el ojo así por una semana. Pero solo un ojo.

Anduyn se quedó mirando el cuerpo, frunciendo y relajando los labios. Ella sabía lo que significaba.

-¿Y dónde más?
-Una puta en Myr. Trabajaba en un burdel que se dedicaba a satisfacer... necesidades especiales...
-Que bonito. Y tan poco relevante. Dudo que nadie fuera a darle con el pene en la cara de madrugada a Garth, por muy merecido que se lo tuviera.
-No se trataba de eso. A ella la pagaban por dejarse privar de aire. La estrangulaban sin llegar a matarla... Pero tu hermano no tiene marcas en el cuello, ni marcas de nada.- Masculló frustrado, pegando un suave puñetazo al altar dónde reposaba el cuerpo.

Él suspiró y de un torpe salto se encaramó al altar, dónde se quedó sentado con la mirada perdida mientras tamborileaba sus labios con los dedos.

-Un poco de respeto ¿No?- Dijo molesta mientras miraba el cuerpo desplazado de su hermano.
-Por supuesto, disculpa mi rudeza con tu hermano muerto, al mismo al que acabo de mirarle las ingles y al que acordamos envenenar- replicó malhumorado.- Tu estabas en el castillo ayer ¿Que hizo? ¿Le notaste raro? ¿Quienes fueron los últimos en verle?
-Oh, estaba con lo de siempre, subir los impuestos, despotricar contra el maestre, pedirle al septón que le busque una noble tetona con quien casarse...
-¿En serio le dijo eso ayer al septón?
-Oh, no, eso fue el mes pasado, pero era para que te hicieras una idea del día a día de Garth... - Comentó mientras se apoyaba en una esquina del altar, con cuidado de no tocar el cuerpo- No sé, desayuno conmigo, con tu hermana y sus damas, y estaba bien... Por la tarde tuvo una reunión con un comerciante de Lys. Le vi tras la reunión y también parecía bien. Sé que cenó a solas en su cuarto, y creo que al último que vio fue a mi hermano.
-¿Que al último que vio fue a sí mismo? ¿Cena frente a un espejo o algo?- Preguntó Anduyn con cara de asco.
-No seas idiota, mi otro hermano.
-Si tuvieras otro hermano, esto no habría tenido sentido ¿No crees? No heredarías
-Oh, vamos, el primer hijo de mi madre, Korso ¿Recuerdas? Con la de problemas que le ha dado a tu familia no sé como no puedes acordarte...
-Medio hermano- Replicó haciendo énfasis en la palabra medio.- Siempre olvido que tenéis la misma madre. - Admitió bajando la vista al suelo.
-Está claro que salió a su padre.- Dijo divertida con un deje de fastidio.
-Por supuesto, creo que de ahí le viene el empeño en molestar a nuestra familia, y cualquier día eso le hará acabar igual que su padre.
-Por él si intercedería. Sé que es muy molesto y de lengua hiriente, pero sé que tiene buen corazón. De Garth ni siquiera puedo decir eso.
-Recuérdale eso a mi hermano, se ha criado con las amenazas vacías de mi padre de colgar a Korso por las pelotas.
-Claro, no se lo digas tu, no vaya a ser que se te seque la boca.
-Te lo digo a ti, señora de Torrealta. A partir de ahora dudo que Meryn y yo vivamos en el mismo castillo.

Tras la última frase se bajó despacio del altar y echó a andar hacia la puerta.

-¿A dónde vas? ¿Es que no piensas ni ayudarme a colocarle?
-Voy a hablar con tu otro hermano, a ti te dejo lidiando con el este, que está más manso.- Contestó desde la puerta con una sonrisa torcida.

martes, 1 de abril de 2014

Historias: La fiera enjaulada

Era la tercera vez que no permitía salir de la habitación desde que nos habíamos casado, y esta vez ni siquiera sabía porqué. La primera vez fue porque me pidió que me pusiera de rodillas sin más explicación a lo que me negué. Él acabó tirandome al suelo, dándome un par de patadas y dejándome encerrada durante dos días. La segunda vez fue porque acabé harta y le contesté aunque sabía que no debía hacerlo, pero me planté y le dije que si volvía a ponerme la mano encima se lo haría saber a mi padre o a mi hermano, y que terminarían por cortarle la cabeza. Aquello fue seguido de una paliza y de una semana sin salir. Los guardias siempre decían lo mismo: "Son órdenes de lord Crakehall, por su seguridad". Si alguien de allí le importase mínimamente mi seguridad no solo me abrirían la puerta, sino que me darían un caballo para irme bien lejos.

Inconscientemente no podía evitar pensar en qué había hecho, la noche anterior solo le había visto en la cena y casi no habíamos hablado, era imposible que lo hubiera disgustado. Pero fríamente sabía que era un pulso, que no necesitaba un motivo para hacerlo, y que precisamente si hacía estas cosas en los momentos de tranquilidad, solo conseguiría quebrarme más que haciéndolo tras una discusión.

Abrí la ventana y me senté en el borde de la cama más cercano a ella, intentando respirar el aire exterior. Me preguntaba cuanto más podría durar esta lucha, no la que tenía con mi esposo, sino la que tenía conmigo misma. Una parte de mí me decía que tenía que resistir, yo era una Lannister, me habían llegado a llamar lengua de oro, tenía que ser más lista, tenía que fingir y esperar. Pero otra parte de mí se preguntaba ¿Esperar a qué? No iba a salir de allí, las cosas no iban a mejorar. Ya no era una Lannister, ahora era lady Crakehall y no había vuelta atrás.

Me preguntaba si mi dolor sería menor si no hubiera tenido una alternativa. Si aquello me estaba pasando por los pecados que había cometido. Si no supiera que aquello que hacía mi marido no era cosa de hombres, que existían los que no se comportaban así en privado. Pese a todo había intentado poner mi deber con mi familia y con mi reino por delante, y había cumplido para ser recompensada de esta manera. Volví, me separé de mi hija, me negué a quedarme con él y ser su amante... Para casarme y no solo recibir palizas, sino vivir limitada, despreciada, sin conversaciones estimulantes, sin noches excitantes, para vivir sin ningún tipo de placer o alegría.

Me limpié las lágrimas con rabia, no servía de nada darle vueltas a aquello, era tarde para arrepentirse, la decisión estaba tomada. Y sin embargo me levanté y rebusqué en mi joyero hasta encontrar el colgante que había traído de Dorne. Era una fina cadena de oro y cobre de la que colgaba una leona sentada, hecha del mismo material. Era lo único que había traído de allí porque él me lo había regalado, con el símbolo de mi casa, esperando que pasase desapercibido entre el resto de mi joyería. Y así había sido, pero yo sabía de dónde venía. Lo apreté en mi mano, cuestionandome si me parecía más humillante ser la esposa sumisa y asustada de un déspota o seguir enamorada de un hombre al que por orgullo y responsabilidad, había dejado atrás.

lunes, 17 de marzo de 2014

Historias: El escorpión

Ella era todo lo que él recordaba, su pelo seguía cayendo en una exuberante cascada por su espalda y su conversación era tan mordaz como lo había sido en Lanisport.
No podía negar que se había sorprendido por su visita, así como por su intención de viajar a Essos antes de someterse a la voluntad de su padre y casarse con quien él eligiera. Pero por otro lado, y pese a que ella era una dama ponenti, era algo que podría haber esperado de ella. No era una noble idiota que se sonrojase o se riese a la primera de cambio. Se preguntaba si en esa noche podría suceder lo mismo que en las noches en Lannisport. Era algo tentador.
Entonces ella despidió a los criados, e incluso a los guardias, alegando que quería tratar en privado un asunto él. Los guardias le miraron dubitativos, pero él asintió. No creía que la joven fuese a tratar de apuñalarlo con el cuchillo con el que minutos antes había estado cortando su venado. Y aún lisiado, enfrentarse a una mujer delgada y no especialmente alta no sería un problema, quizá con ella resultaría hasta excitante.
Ella se levantó y se acercó a él lentamente, hasta colocarse frente a él y de espaldas al fuego.

-Lo siento- Dijo al fin
-¿El qué?- Le preguntó el.
-No funcionó. El té.

Ella se quedó cabizbaja, esperando a que él dijera algo. Pero él estaba ocupado calculando las posibilidades. Él mismo le había dado el té de la luna y le había visto beberlo... ¿Estaría mintiendo?

-Mira, soy la última que quería decir esto, pero no podía ocultarlo por más tiempo. No quería irme de viaje, pero necesitaba irme de Occidente, nadie puede saber esto. Ambos sabemos que me arruinaría la vida.
-¿Y me cuentas esto porque es mío?- Preguntó él suavemente, alzando las cejas.
-Pues claro que es tuyo ¿Crees que voy a ir de castillo en castillo contándoselo a los que no sean su padre?
- No creo nada, pero no eras virgen cuando te conocí. Si antes habías estado con otros hombres, nada me dice que no lo hicieras después.

Pese al tono calmado y afable que su anfitrión había estado usando, ella comenzó a perder los nervios. Tenía que creerla, aquello era la verdad y a él era al único al que podía acudir.

-Occidente no es Dorne ¿Sabes? Allí los caballeros no se matan por desvirgar a las hijas de su señor, eso podría traerles la muerte. Con el único que me he acostado a parte de ti fue con el último escudero de mi padre. Cuando le nombró caballero se tomó un odre de vino entero y eso le animó a conocerme... más profundamente. A día de hoy sospecho que ni se acuerda. Y eso fue cuatro meses antes de que nos conociéramos en Lannisport, así que si fuera suyo tendría una tripa mucho más grande.

Él sonrió divertido al verla enfadada y turbada hablando de su anterior amante. Lo cual no hacía que enfadarla más todavía a ella.

-¿Se te ha empezado a notar ya?
-Si llevase un vestido ceñido te aseguro que esto no sería un secreto.

Él se levantó con dificultad y le hizo un gesto con la mano para que se acercara. Posó una de sus manos en el vientre de la joven y apretó suavemente la tela de su vestimenta, tratando de palpar lo que había más allá de esta.
No podía decir que aquello le alegrase, pero la creía. Suspiró y se volvió a sentar, resintiéndose del dolor de su pie.

-Muy bien ¿Qué quieres hacer?
-¿Como que que quiero hacer? -Preguntó ella, aún algo enfadada.
-¿Quieres ir a Essos y esconderte allí, quieres quedarte aquí?... E incluso siendo más imaginativos, se que hay maegis y maestres expulsados que se dicen capaces de sacarlos.
-No creas que no he oído lo mismo, pero también he oído que las mujeres que lo hacen nunca vuelven a quedarse en estado. No puedo permitirme eso en mi posición.
-Por supuesto, bendito Poniente, dónde una mujer no es nada si no da hijos.- Masculló él mientras alzaba su copa de vino y se la llevaba a los labios.

Ella calló durante unos instantes, en señal de desaprobación, y continuó como si no hubiera oído nada.

-Y en cuanto al resto de opciones... sería difícil ocultarlo si me quedo aquí, los soldados que me acompañan sospecharían.
-Fácil. Vamos hasta Lanza del Sol, fingiendo que te acompaño a tomar un barco hacia Essos para continuar tu viaje, y allí, digamos que mueren todos. Cuando quieras volver, un par de mis hombres te acompañarán y dirás que fuiste atacada, y que unos nobles caballeros dornienses te salvaron... De unos bandidos de las Tormentas, sí, allí hay gente horrible. Por supuesto esos caballeros también te escoltaran hasta casa.- Finalizó de manera tranquila, como si hubiera estado hablando del tiempo o de la encuadernación de libros en la Ciudadela.
-Así. Mueren todos.- Repitió ella seria, sin haberse extrañado mucho de esa sugerencia.
-Bueno, si aprecias especialmente a alguien de tu guardia podemos encerrarle, no sé, es cuestión de pensarlo.
-¿Y nadie va a pensar en 10 guardias muertos en el puerto?
-Nadie va a encontrar ningún guardia muerto. Puede que llegado el momento, alguien se encuentre sus armaduras en la frontera. Pero oficialmente subirán al barco contigo y seréis felices visitando las ciudades libres.
-¿Y después de fingir que embarco?
-Volvemos aquí y esperamos. Te hablaré de Myr y de Lys, viví allí unos años, y así lo que cuentes será veraz.
-¿Y tus guardias, tus criados?
-Como has podido comprobar tengo poco servicio y confío en el poco que tengo. Las pocas personas que te atiendan nunca le dirán a nadie que estás o estuviste aquí.

Ella se apoyo en la mesa, dubitativa. Se lo acababa de decir, y él ya tenía un plan más que razonable... ¿Qué otra cosa podría haber esperado de él? Pero aún quedaba algo.

-¿Y que pasará cuando...? ¿Qué pasará con...? ¿Cómo esconderemos al bebé?- Logró preguntar al fin.
-¿Esconderlo? ¿Por qué iba a esconder a mi bastardo?
-En Lannisport dijiste que la princesa te había insinuado que deberías casarte.
-Así es. Quizá fue una queja algo exagerada, sé que no me obligaría a nada. En cualquier caso ahora sé que tendré que descartar a las damas del Dominio, ellas no dejarían de mirarme mal por tener un bastardo, y aún así se casarían conmigo. Pobres y tontas flores.
-No todas las mujeres de Poniente son tontas ni tienen tan poca dignidad.- Replicó ella, molesta.
-No se puede decir lo mismo de sus padres. Algunos las venderían a un pastor si este tuviera el suficiente dinero.
-Entonces...¿Quieres quedártelo?
-Ambos sabemos que tú no puedes hacerlo. Has venido a mí, aseguras que es mío, y te creo. Me lo quedaré, lo criaré y lo educaré como haré con el resto de descendencia que tenga. Para mí no es un problema que lo que vaya tras su nombre sea Arena, y para el resto de Dorne tampoco lo será. Tendrá una vida más fácil que un bastardo ponenti.

Ella suspiró y se quedó con la mirada perdida unos instantes. Él buscó su mano y la apretó me manera afectuosa. Suponía que no había sido fácil para ella tratar de buscar salidas hasta que había venido a verle. Pero iba a ser así de fácil. Él iba a hacerlo así de fácil.
Entonces ella se arrodilló frente a él y le abrazó con fuerza. Él le devolvió el abrazo, sonriendo y acariciando su voluminoso pelo.

-Has venido hasta aquí. Y voy a estar aquí para ti.

P.D: No es que sea lela y no sepa usar otras palabras más que él y ella, pero es que no quería escribir sus nombres.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Personajes: Zehl

Hoy quiero hablar de uno de mis personajes de rol más antiguos, el cual no uso tanto como me gustaría. Pertenece al rol de Warhammer (El antiguo, no tengo amigos ricos que estén dispuestos a comprarse dos manuales y no se cuantas cajas de dados). Lo que me encanta de este rol, y más concretamente de la creación de personajes, es que muchos atributos son al azar, y es interesante construir una historia sin a penas haber elegido nada del personaje. La verdad es que casi toda la historia surgió a través de estos rasgos aleatorios, ya que tuve que explicar porqué tenía una cicatriz en la cara y que esto encajase con todo lo demás. Así que sin enrollarme más...
Zehl nació en una pequeña ciudad, en el seno de una familia de peleteros. Creció feliz junto a sus padres y a sus cuatro hermanos, y entre ellos se encargaron del negocio familiar cuando su padre falleció. Al poco de este suceso llegó un forastero a la ciudad, que comenzó a trabajar como ayudante del orfebre, a pocas casas de distancia de la casa de Zehl. El recién llegado mostró interés por Zehl y pronto se establecieron como pareja. Ella disfrutaba del halo de misterio de su compañero, y le dejaba espacio suficiente para sus aficiones, como la lectura. O en eso creía Zehl que ocupaba el tiempo.

Estaba atardeciendo cuando Zehl volvía a su hogar, tras cazar en el bosque un par de ejemplares de zorro aceptables para usarlos en la peletería. Sin embargo soltó su cacería y echó a correr cuando vio ardiendo la ciudad. Llegó a su casa y trató de sacar al más pequeño de sus hermanos. Pero algo le empujó hacia atrás, haciéndola caer sobre unos escombros. Dolorida y aturdida, trataba de levantarse mientras los gritos de la gente se iban apagando. Para cuando logró despejarse y ponerse en pie, solo podía contemplar impotente como la estructura de su casa cedía ante el fuego. Sus lágrimas se mezclaban con la sangre de su rostro. Echó a andar, en busca de alguien, pero las únicas personas que encontraban estaban muertas. Entonces le vio, de pie, extendiendo la mano y matando a un joven que trataba de huir. Él. Con quien había compartido más de un año de su vida. Él. Consumido por la magia y el caos. Él se volvió y Zehl tembló, ahora nada importaba, ella sería la próxima. A través de la capucha de él atisbó una sonrisa. Y para su asombró él se volvió sin más y echó a andar. Zehl no puede recordar nada más puesto que se desmayó.

Despertó al día siguiente, cubierta de hollín, y una rápida vuelta por la zona le hizo entender que no había sobrevivido nadie. Pasó unas semanas, aturdida, sobreviviendo entre el bosque y la orilla del río. Un día una caravana pasó cerca del río. Entonces el espíritu de supervivencia de Zehl salió a la luz y siguió a la caravana. Y así han discurrido los últimos años de su vida, siendo un miembro de séquito, una seguidora de compañías y caravanas, protegiéndolas o proporcionándoles comida gracias a su uso del arco, el cual se lo había enseñado su padre poco antes de morir. Zehl vaga de ciudad en ciudad, ayudando al imperio en algunas ocasiones, aunque su fin sea meramente egoísta, pues muchas veces solo desea la recompensa que ofrecen los señores. No disfruta trabajando en grupo, y desde luego detesta a cualquier mago o simpatizante de la magia. Actualmente es bastante retraída y seria, y sólo se muestra simpática o coqueta cuando quiere algo. No suele hablar ni confiar en nadie. Pese a que ha tenido oportunidades de conseguir un trabajo mejor y que ha llegado a contactar y a favorecer a algún noble influyente del imperio, ella continua de ciudad en ciudad, de caravana en caravana, sin más motivo aparente que el de continuar la marcha y no apegarse a ningún lugar, ni detenerse en él.

Zehl posee una enmarañada cabellera rubia oscura. Sus ojos son azul oscuro y una característica cicatriz surca una de sus mejillas. Es de mediana estatura y su cuerpo es algo voluptuoso. Suele vestir con cuero y ropa cómoda, aunque posee un par de vestidos de cortesana, regalo de un noble, que usa cuando cree conveniente.

Este personaje me gusta especialmente porque está... "roto". Zehl no tiene más objetivo que sobrevivir y continuar el viaje, sin importarle dónde. Ya no le queda nada ni nadie, nadie a quien amar, nada que anhelar, así que ella simplemente cree que viajando y manteniendo su vida en constante movimiento ella continuará viviendo. Algunas noches lamenta todo lo sucedido, llora y por supuesto se tortura y culpa, pero normalmente su espíritu fuerte le impide caer en la autocompasión. Y es que su fortaleza es su mejor cualidad, no importa lo que ocurra o en que problemas se vea, ella tratará de salir de eso y continuar. Me encantaría que en el rol llegara alguna vez a cruzarse con su ex novio, el mago encubierto devorado por el caos, pero eso tendría que surgir y ser roleado.


viernes, 25 de octubre de 2013

Todo lo que en vestuario puede decir: Scharia Martell

Bueno, hoy vengo con un tema que a veces se puede pasar por alto, pero que yo considero tremendamente útil, la ropa.

No creo que la ropa sea solo tela que cubre el cuerpo de un personaje, es una forma más de expresar lo que siente y es ese personaje, así que cuando tengo personajes que me gustan mucho, me gusta buscarles ropa, pensar ¿Qué llevarían? ¿Para que ocasión se lo pondrían? ¿Qué quieren decir con su ropa? Incluso los personajes que no cuidan su indumentaria nos dicen algo de ellos, que no les importa el aspecto, si no ir cómodos u otra razón similar.

Podría daros más motivos, pero lo que en realidad quiero es ilustraroslo, y lo voy a hacer con uno de mis personajes favoritos en este momento, Scharia Martell. Aún no tengo un post sobre ella, pero muy pronto lo haré y lo enlazaré. Mientras os dejo fotos de su aspecto, el cual corresponde a la actriz y miss mundo india Aishwarya Rai.


















Este personaje sale de un juego del rol por foro de Canción de Hielo y Fuego ambientado 300 años después de los libros. Ella es la princesa de Dorne, y por si no habéis leído los libros, es una región desértica, calurosa... Imaginároslo tipo Arabia o Egipto. Esto ya marca la ropa que llevará, puesto que mientras que en el resto del continente llevaran atuendos tipo medieval, con varias capas, en Dorne la indumentaria será mucho más ligera.

Ahora apliquemoslo al personaje. Este personaje es la princesa(Es el título que llevan los gobernantes de esa zona) de la región, la única de Poniente que permite heredar al primogénito, sea mujer u hombre. Esto ya nos dice que ella tendrá un amplio armario debido a su condición social.





Esos serían los atuendos de una joven Scharia, despreocupada y sin miedo a enseñar piel. (Teniendo en cuenta que la ambientación del mundo es medieval y las damas van tapadas hasta arriba, esos vestidos dejan mucho que ver para lo que acostumbran en el resto de Poniente)

Sin embargo al ser joven y nacer privilegiada también tiene vestidos de manufactura de más del estilo del resto del continente, que se pone por capricho en alguno de sus viajes más tempranos.



Sin embargo tengo planeado que no use más esos vestidos, ya que los usaba cuando aún no ostentaba el poder, pero cuando lo haga no le parecerá tan divertido "disfrazarse" de mujer de Poniente, y lucirá con orgullo algo más típico de su región. (Ya sabemos de alguien que va a pasar frío) 

Al crecer no solo cambiará ese habito, si no que también el contraer matrimonio, la hace volverse ligeramente más recatada con la ropa, incluso en su región, ya que su marido no es de allí, si no del reino vecino, el Dominio. El cambio no será excesivo, simplemente se limitará a usar menos escote y a no enseñar su vientre. Salvo cuando esté enfadada con él, momento en el que vestirá provocativamente de manera deliberada. 

Como Martell, su vestuario estará cargado de colores cálidos, abundando en él el naranja y el rojo en sus variantes.




Sin embargo, su color favorito en la ropa es el rosa, color que su padre no le solía consentir en su juventud. Ahora que él no está disfruta, llevando este color fuera de sus deberes o de eventos oficiales.


Por supuesto, como princesa no estará desprovista de joyas y adornos acorde a su clase. Siente preferencia por los adornos de oro o bronce, y su accesorio favorito son las pulseras. Trato de que algo distintivo de ella sea el tintineo de sus pulseras, cosa que menciono en varios posts suyos.







Menudo armario ¿Verdad? Y pensareis... ¿En que te ayuda todo esto? Pues bien, voy a mi colección de fotos de vestuario para este personaje y pienso ¿Que lleva en el día de hoy? ¿Se siente guapa? ¿Que hará su ropa al moverse? ¿Qué provocará en los demás? Saber la ropa que lleva no solo me ayuda a imaginar mejor al personaje en la escena, si no que me ayuda a añadir detalles que creo que enriquecen al texto.

Así pues y para finalizar os dejo algunos atuendos que he imaginado que a usado en diferentes ocasiones.

Ella habría usado este vestido en la cena en la que anunció su compromiso con Luke Hightower.

Este lo había llevado en el torneo de celebración de su boda, más concretamente el día en el que su marido lucharía con su antiguo amante, Aelix Yronwood.

Ella usará mucho este tipo de batas semitransparentes para combatir el frío de la noche dorniense. Usó esta en particular para esperar a su marido en la habitación de este tras un día de trabajo.

Pese a ser una dama, no usa sus vestidos de seda para cabalgar. Usó este conjunto en su viaje de Lanza del Sol a Antigua, dónde descubrió que heredaría Dorne y que su padre deseaba unir las casas Martell y Hightower.