-Desearía un último momento con mi hermano a solas.
Nada más decir aquellas palabras los guardias asintieron respetuosamente y se retiraron del salón, así como de las puertas de este. Ella entro junto a su cuñado, y en cuanto cerró las puertas él se apresuró hacia el altar dónde reposaba el cadáver.
-No sabía que disfrutabas observando los cadáveres de tus victimas- Dijo ella despreocupada tras acercarse y observar a su cuñado examinando el cuerpo.
-No estoy seguro de que sea victima mía- Replico él sin mirarla- Te dije que tardaría dos lunas en morir. La segunda luna no ha pasado.
Ella contuvo una carcajada.
-Vamos Anduyn, habrás puesto veneno de más en el vino.
Él se detuvo para mirarla de manera severa.
-Yo nunca me equivoco con las cantidades.
Ella se quedó callada mientras él volvía a su labor, buscando debajo de la ropa marcas, sangrados...
-Bueno, y aún cuando fuera correcto ¿Qué más da? Quiero decir, esta muerto.
-¿Que más da? Si alguien ha matado a tu hermano, no sabemos quien ni porqué, ni si tú o mi hermano estáis en su lista, así que disculpa si me lo tomo muy a pecho.
Ella se mordió los labios, reclinándose hacia el cuerpo y tratando de buscar también, aunque no sabía exactamente en que detenerse. Transcurridos unos minutos Anduyn abrió los ojos del cadaver y emitió un leve gruñido.
-¿Qué?- Preguntó ella colocándose a su lado.
-Tiene los ojos ensangrentados... No sé si es relevante ¿Los tenía así la última vez que lo viste?
-No, nunca se los había visto así. Ni a él ni a nadie ¿Que crees que pueda ser?
-Bueno, yo si he visto ojos así. Vi a un escudero tras una contienda tener el ojo así por una semana. Pero solo un ojo.
Anduyn se quedó mirando el cuerpo, frunciendo y relajando los labios. Ella sabía lo que significaba.
-¿Y dónde más?
-Una puta en Myr. Trabajaba en un burdel que se dedicaba a satisfacer... necesidades especiales...
-Que bonito. Y tan poco relevante. Dudo que nadie fuera a darle con el pene en la cara de madrugada a Garth, por muy merecido que se lo tuviera.
-No se trataba de eso. A ella la pagaban por dejarse privar de aire. La estrangulaban sin llegar a matarla... Pero tu hermano no tiene marcas en el cuello, ni marcas de nada.- Masculló frustrado, pegando un suave puñetazo al altar dónde reposaba el cuerpo.
Él suspiró y de un torpe salto se encaramó al altar, dónde se quedó sentado con la mirada perdida mientras tamborileaba sus labios con los dedos.
-Un poco de respeto ¿No?- Dijo molesta mientras miraba el cuerpo desplazado de su hermano.
-Por supuesto, disculpa mi rudeza con tu hermano muerto, al mismo al que acabo de mirarle las ingles y al que acordamos envenenar- replicó malhumorado.- Tu estabas en el castillo ayer ¿Que hizo? ¿Le notaste raro? ¿Quienes fueron los últimos en verle?
-Oh, estaba con lo de siempre, subir los impuestos, despotricar contra el maestre, pedirle al septón que le busque una noble tetona con quien casarse...
-¿En serio le dijo eso ayer al septón?
-Oh, no, eso fue el mes pasado, pero era para que te hicieras una idea del día a día de Garth... - Comentó mientras se apoyaba en una esquina del altar, con cuidado de no tocar el cuerpo- No sé, desayuno conmigo, con tu hermana y sus damas, y estaba bien... Por la tarde tuvo una reunión con un comerciante de Lys. Le vi tras la reunión y también parecía bien. Sé que cenó a solas en su cuarto, y creo que al último que vio fue a mi hermano.
-¿Que al último que vio fue a sí mismo? ¿Cena frente a un espejo o algo?- Preguntó Anduyn con cara de asco.
-No seas idiota, mi otro hermano.
-Si tuvieras otro hermano, esto no habría tenido sentido ¿No crees? No heredarías
-Oh, vamos, el primer hijo de mi madre, Korso ¿Recuerdas? Con la de problemas que le ha dado a tu familia no sé como no puedes acordarte...
-Medio hermano- Replicó haciendo énfasis en la palabra medio.- Siempre olvido que tenéis la misma madre. - Admitió bajando la vista al suelo.
-Está claro que salió a su padre.- Dijo divertida con un deje de fastidio.
-Por supuesto, creo que de ahí le viene el empeño en molestar a nuestra familia, y cualquier día eso le hará acabar igual que su padre.
-Por él si intercedería. Sé que es muy molesto y de lengua hiriente, pero sé que tiene buen corazón. De Garth ni siquiera puedo decir eso.
-Recuérdale eso a mi hermano, se ha criado con las amenazas vacías de mi padre de colgar a Korso por las pelotas.
-Claro, no se lo digas tu, no vaya a ser que se te seque la boca.
-Te lo digo a ti, señora de Torrealta. A partir de ahora dudo que Meryn y yo vivamos en el mismo castillo.
Tras la última frase se bajó despacio del altar y echó a andar hacia la puerta.
-¿A dónde vas? ¿Es que no piensas ni ayudarme a colocarle?
-Voy a hablar con tu otro hermano, a ti te dejo lidiando con el este, que está más manso.- Contestó desde la puerta con una sonrisa torcida.
miércoles, 16 de abril de 2014
martes, 1 de abril de 2014
Historias: La fiera enjaulada
Era la tercera vez que no permitía salir de la habitación desde que nos habíamos casado, y esta vez ni siquiera sabía porqué. La primera vez fue porque me pidió que me pusiera de rodillas sin más explicación a lo que me negué. Él acabó tirandome al suelo, dándome un par de patadas y dejándome encerrada durante dos días. La segunda vez fue porque acabé harta y le contesté aunque sabía que no debía hacerlo, pero me planté y le dije que si volvía a ponerme la mano encima se lo haría saber a mi padre o a mi hermano, y que terminarían por cortarle la cabeza. Aquello fue seguido de una paliza y de una semana sin salir. Los guardias siempre decían lo mismo: "Son órdenes de lord Crakehall, por su seguridad". Si alguien de allí le importase mínimamente mi seguridad no solo me abrirían la puerta, sino que me darían un caballo para irme bien lejos.
Inconscientemente no podía evitar pensar en qué había hecho, la noche anterior solo le había visto en la cena y casi no habíamos hablado, era imposible que lo hubiera disgustado. Pero fríamente sabía que era un pulso, que no necesitaba un motivo para hacerlo, y que precisamente si hacía estas cosas en los momentos de tranquilidad, solo conseguiría quebrarme más que haciéndolo tras una discusión.
Abrí la ventana y me senté en el borde de la cama más cercano a ella, intentando respirar el aire exterior. Me preguntaba cuanto más podría durar esta lucha, no la que tenía con mi esposo, sino la que tenía conmigo misma. Una parte de mí me decía que tenía que resistir, yo era una Lannister, me habían llegado a llamar lengua de oro, tenía que ser más lista, tenía que fingir y esperar. Pero otra parte de mí se preguntaba ¿Esperar a qué? No iba a salir de allí, las cosas no iban a mejorar. Ya no era una Lannister, ahora era lady Crakehall y no había vuelta atrás.
Me preguntaba si mi dolor sería menor si no hubiera tenido una alternativa. Si aquello me estaba pasando por los pecados que había cometido. Si no supiera que aquello que hacía mi marido no era cosa de hombres, que existían los que no se comportaban así en privado. Pese a todo había intentado poner mi deber con mi familia y con mi reino por delante, y había cumplido para ser recompensada de esta manera. Volví, me separé de mi hija, me negué a quedarme con él y ser su amante... Para casarme y no solo recibir palizas, sino vivir limitada, despreciada, sin conversaciones estimulantes, sin noches excitantes, para vivir sin ningún tipo de placer o alegría.
Me limpié las lágrimas con rabia, no servía de nada darle vueltas a aquello, era tarde para arrepentirse, la decisión estaba tomada. Y sin embargo me levanté y rebusqué en mi joyero hasta encontrar el colgante que había traído de Dorne. Era una fina cadena de oro y cobre de la que colgaba una leona sentada, hecha del mismo material. Era lo único que había traído de allí porque él me lo había regalado, con el símbolo de mi casa, esperando que pasase desapercibido entre el resto de mi joyería. Y así había sido, pero yo sabía de dónde venía. Lo apreté en mi mano, cuestionandome si me parecía más humillante ser la esposa sumisa y asustada de un déspota o seguir enamorada de un hombre al que por orgullo y responsabilidad, había dejado atrás.
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